Ahorro e Inversión

Cómo soportar una caída del mercado (y cuándo sí tiene sentido salir)

· 17 min · Equipo Lignum

Cómo soportar una caída del mercado (y cuándo sí tiene sentido salir)

Desde 1980, el S&P 500 ha caído en promedio 14% en algún momento de cada año, y aun así ha terminado en positivo en la gran mayoría de los años. Repasamos casi cien años de caídas, lo que les pasó a quienes vendieron y a quienes se quedaron, y las razones que sí justifican salir de una inversión.

Abres la aplicación de tu casa de bolsa y el número está en rojo. No un poco: tu portafolio vale 20% o 30% menos que hace unos meses. Las noticias hablan de crisis, de recesión, de que «esta vez es diferente». Y la pregunta que te ronda la cabeza es una sola: ¿vendo antes de que sea peor?

Es una de las decisiones más importantes que vas a tomar como inversionista, y casi siempre llega en el peor momento emocional posible. Por eso conviene pensarla con calma ahora, antes de la siguiente caída, con lo que casi cien años de historia de los mercados nos pueden enseñar.

Las caídas son parte del recorrido

Lo primero que muestra la historia es que las caídas son frecuentes. Mucho más de lo que solemos recordar.

J.P. Morgan Asset Management publica cada año una gráfica con la mayor caída que tuvo el S&P 500 (el índice de las 500 empresas más grandes de Estados Unidos) dentro de cada año calendario. Entre 1980 y 2023, la caída promedio dentro del año fue de 14.2%. Aun así, el índice terminó en positivo en 33 de esos 44 años. Es decir, en la mayoría de los años hubo un momento en que el inversionista vio su dinero bajar más de 10%, y en la mayoría de esos mismos años terminó ganando.

Si ampliamos la mirada, los datos de Morgan Stanley desde 1944 cuentan una historia parecida: una caída promedio de alrededor de 14% dentro de cada año, y rendimientos anuales positivos en 57 de 80 años.

Dicho de otra forma: si inviertes en bolsa durante 20 o 30 años, vas a vivir varias caídas de 10%, algunas de 20% y, con mucha probabilidad, al menos una de más de 30%. Saberlo de antemano ayuda a tomar cada caída como algo que ya estaba previsto en tu plan.

Un siglo de caídas, y lo que pasó después

Estas son algunas de las caídas más fuertes del S&P 500, cuánto bajó el índice desde su punto más alto hasta su punto más bajo y cuándo volvió a superar ese máximo anterior (sin contar dividendos, que acortan los tiempos de recuperación).

EpisodioCaída del máximo al mínimoCuándo recuperó el máximo anterior
Gran Depresión (1929–1932)alrededor de −86%1954
Crisis del petróleo e inflación (1973–1974)−48%1980
Lunes Negro (1987)−33.5% (−20.5% en un solo día)julio de 1989
Burbuja tecnológica (2000–2002)−49%2007
Crisis financiera global (2007–2009)−57%2013
Pandemia de COVID-19 (2020)−34% en 33 díasagosto de 2020
Inflación y alza de tasas (2022)−25%enero de 2024
Aranceles de Estados Unidos (2025)casi −20%junio de 2025

Algunas observaciones que vale la pena hacer sobre esta tabla.

Cada caída tuvo su propia historia, y en su momento cada una parecía la definitiva. En 2008 quebró Lehman Brothers y el sistema financiero mundial estuvo cerca del colapso. En marzo de 2020 se cerraron economías enteras y nadie sabía cuánto duraría la pandemia. En abril de 2025, la discusión era si una guerra comercial llevaría a una recesión global. Las causas fueron muy distintas; lo que se repitió fue la sensación de que esta vez no habría recuperación.

Los tiempos de recuperación varían muchísimo. La caída de 2020 se recuperó en cinco meses. La de 2025, según datos de Dow Jones, en 89 días hábiles, la recuperación más rápida registrada tras una caída de al menos 15%. En cambio, quien compró en el punto más alto de 2000 tuvo que esperar unos siete años para volver a ver su inversión en el mismo nivel, y la de 2007 tardó más de cinco años.

La Gran Depresión es el caso extremo, y conviene leerlo con cuidado. Medido solo por precio, el índice tardó 25 años en recuperar su máximo de 1929. Pero entre 1929 y 1933 los precios en la economía cayeron con fuerza (deflación), y las empresas siguieron pagando dividendos. En 2009, el columnista financiero Mark Hulbert hizo el cálculo en The New York Times con un índice amplio del mercado, dividendos reinvertidos y ajuste por deflación: con esas cuentas, el mercado volvió a su nivel previo a la crisis hacia finales de 1936, unos cuatro años y medio después del punto más bajo de 1932 y unos siete años después del máximo de 1929. Su cálculo supone que el inversionista aguantó toda la caída sin vender y siguió reinvirtiendo sus dividendos. Aun así, fue una recuperación larga y muy dolorosa.

Lo que les pasó a quienes vendieron

Las caídas son la parte visible del problema. La parte que no se ve es lo que pasa con quienes salen del mercado durante ellas.

Los mejores días llegan pegados a los peores

En su Guía para el Retiro 2024, J.P. Morgan Asset Management calculó qué habría pasado con una inversión en el S&P 500 durante los 20 años anteriores si el inversionista se hubiera perdido los 10 mejores días del mercado. El resultado: el valor final de la inversión se reducía a menos de la mitad. Perderse 20 o 30 de los mejores días lo reducía todavía más.

Lo más revelador del estudio es cuándo ocurrieron esos días: siete de los diez mejores días se dieron a menos de dos semanas de alguno de los diez peores. El rebote más fuerte suele llegar en medio del caos, cuando las noticias todavía son malas. Por ejemplo, el 24 de marzo de 2020, en plena incertidumbre por la pandemia, el S&P 500 subió 9.4% en un solo día. El 9 de abril de 2025, después de días de caídas por los aranceles, subió 9.5%.

Quien vende para «esperar a que se calme», muy probablemente se pierde justo esos días. Y para cuando regresa la calma, buena parte de la recuperación ya ocurrió.

Fidelity: el experimento natural de 2008

Fidelity Investments, una de las administradoras de planes de retiro más grandes de Estados Unidos, analizó lo que hicieron los ahorradores de sus planes 401(k) durante la crisis de 2008. Revisó 7.1 millones de cuentas y encontró que alrededor de 117,000 personas vendieron todas sus acciones entre octubre de 2008 y marzo de 2009, cerca del punto más bajo.

Para junio de 2011:

  • Quienes se quedaron invertidos en acciones vieron crecer el saldo de su cuenta, en promedio, 50%.
  • Quienes vendieron todo y nunca regresaron a las acciones tuvieron un crecimiento promedio de apenas 2%.
  • Quienes vendieron y después regresaron parcialmente quedaron a la mitad, con alrededor de 25%.
  • Quienes siguieron aportando a su plan durante la crisis vieron crecer su saldo 64%, contra 26% de quienes dejaron de aportar.

Las personas que vendieron tenían motivos comprensibles: el miedo era real y las noticias eran terribles. Pero vender convirtió una caída temporal en una pérdida permanente, porque se quedaron fuera justo cuando empezó una de las recuperaciones más largas de la historia.

Esperar el momento perfecto tampoco funciona

El Centro Schwab de Investigación Financiera hizo otro ejercicio: comparó a cinco inversionistas hipotéticos que recibían 2,000 dólares cada año durante 20 años (de 2001 a 2020) y los invertían de distintas formas. Uno tenía una suerte perfecta y siempre invertía en el punto más bajo de cada año. Otro tenía la peor suerte posible y siempre invertía en el punto más alto. Otro invertía de inmediato, el primer día de cada año. Y otro, por miedo a equivocarse, dejaba el dinero en instrumentos de corto plazo esperando el momento ideal.

Los resultados:

  • El de la suerte perfecta terminó con unos 186,000 dólares.
  • El que invertía de inmediato, sin pensar en el momento, con unos 171,000, apenas por debajo.
  • El de la peor suerte posible terminó con unos 151,000.
  • El que nunca encontró el momento para invertir terminó con unos 47,000.

Hasta el inversionista con el peor momento posible acumuló más de tres veces lo que acumuló el que se quedó esperando. Schwab repitió el análisis en todos los periodos de 20 años desde 1926, y en ninguno quedó en último lugar el inversionista que invertía de inmediato.

Este hallazgo tiene antecedentes. En 1975, William Sharpe, quien después recibiría el premio Nobel de Economía, publicó en el Financial Analysts Journal un análisis sobre las ganancias posibles de entrar y salir del mercado. Concluyó que un inversionista tendría que acertar en la gran mayoría de sus decisiones, alrededor de tres de cada cuatro veces, solo para igualar el resultado de quedarse invertido todo el tiempo.

Por qué es tan difícil quedarse

Si los datos son tan claros, ¿por qué tantas personas venden en las caídas? Porque nuestra mente no está diseñada para esto.

Daniel Kahneman y Amos Tversky documentaron en 1979 que perder nos duele aproximadamente el doble de lo que nos alegra ganar la misma cantidad. Ver 100,000 pesos convertirse en 75,000 produce un malestar mucho más intenso que la satisfacción de verlos convertirse en 125,000. En una caída, ese malestar nos empuja a hacer algo, y la acción más obvia es vender.

A eso se suma que las caídas llegan acompañadas de un flujo constante de noticias alarmantes, y que revisar el portafolio todos los días multiplica la sensación de pérdida. Shlomo Benartzi y Richard Thaler llamaron a este fenómeno aversión miope a las pérdidas: entre más seguido miramos nuestras inversiones, más pérdidas vemos y más conservadoras (y peores) se vuelven nuestras decisiones. Hablamos de estos y otros sesgos con más detalle en nuestro artículo sobre los sesgos que te hacen perder dinero en la bolsa.

Morningstar mide cada año el resultado de todo esto: en los diez años que terminaron en 2025, los fondos de inversión en Estados Unidos rindieron 9.9% anual, pero el dinero de los inversionistas en esos mismos fondos ganó 8.7%. Gran parte de esa diferencia viene de comprar después de las subidas y vender después de las caídas.

Entonces, ¿cuándo sí es momento de salir?

Quedarse invertido no significa no vender nunca. Hay buenas razones para salir de una inversión o para reducirla. Lo que tienen en común es que dependen de tu situación y de tu plan, y no de lo que hizo el mercado la semana pasada.

1. Necesitas el dinero pronto. Si vas a pagar la universidad de tus hijos el próximo año, dar el enganche de una casa o empezar a vivir de tus ahorros, ese dinero no debería estar expuesto a una caída de 30%. Lo ideal es moverlo a instrumentos más estables con anticipación, de forma gradual, y no en medio de la tormenta. Una regla práctica: el dinero que vas a necesitar en los próximos tres a cinco años no debería depender de la bolsa.

2. Cambió tu objetivo o tu horizonte. Un divorcio, una herencia, un cambio de país, un problema de salud o la venta de un negocio pueden cambiar por completo para qué es tu dinero y cuándo lo vas a usar. Si cambió el plan, el portafolio debe ajustarse al nuevo plan.

3. Descubriste que tomaste más riesgo del que puedes soportar. Una caída es la prueba más honesta de tu tolerancia al riesgo. Si te quita el sueño de verdad, puede ser señal de que tu portafolio no estaba bien diseñado para ti. La corrección tiene sentido, pero conviene hacerla con calma y, de preferencia, cuando el mercado se haya recuperado al menos en parte, para no materializar la pérdida en el peor momento.

4. Toca rebalancear. Si tu plan dice 60% en acciones y 40% en bonos, y después de una caída las acciones quedaron en 50%, rebalancear implica vender bonos y comprar acciones. Es una de las pocas reglas que te obliga a hacer lo contrario de lo que pide el miedo.

5. Se rompió la razón por la que compraste una inversión específica. Esta es la distinción más importante de todo el artículo. Un índice amplio, con cientos o miles de empresas, se ha recuperado históricamente porque la economía en su conjunto sigue creciendo. Una empresa individual puede no recuperarse nunca. Hendrik Bessembinder, profesor de la Universidad Estatal de Arizona, analizó casi 26,000 acciones que cotizaron en Estados Unidos entre 1926 y 2016, y publicó en 2018 en el Journal of Financial Economics que solo alrededor de 4% de las empresas explica toda la riqueza que generó la bolsa por encima de los bonos del Tesoro de corto plazo. La mayoría de las acciones individuales rindió menos que esos bonos a lo largo de su vida. Enron, Lehman Brothers o Silicon Valley Bank no se recuperaron. Si tienes una acción cuyo negocio se deterioró, la pregunta correcta es si la comprarías hoy, a este precio, con dinero nuevo.

6. Tu portafolio está concentrado en un solo país o sector. El índice Nikkei de Japón alcanzó su máximo en diciembre de 1989. Lo volvió a superar hasta el 22 de febrero de 2024, 34 años después. En 1989, siete de las diez empresas más valiosas del mundo eran japonesas. Quien tenía todo su dinero en la bolsa japonesa esperó más de tres décadas. Quien tenía un portafolio diversificado en varios países vivió esa caída como un golpe a una parte de su dinero. Si descubres que tu portafolio depende de un solo mercado, diversificar es una buena razón para mover dinero, haya caída o no.

Las razones que conviene ignorar

  • «Las noticias dicen que va a caer más.» Nadie lo sabe con certeza, y los rebotes más fuertes suelen llegar cuando las noticias todavía son malas.
  • «Prefiero salir y regresar cuando se calme.» Para acertar tienes que tomar dos decisiones correctas: cuándo salir y cuándo volver. Los datos de J.P. Morgan y de Fidelity muestran lo difícil que es acertar en la segunda.
  • «Ya perdí mucho, no quiero perder más.» Vender en este punto fija la caída que ya ocurrió. La pregunta útil es si tu plan sigue siendo el correcto para los próximos años.
  • «Esta vez es diferente.» Cada caída tiene causas distintas. Hasta ahora, en un portafolio diversificado, el desenlace ha sido el mismo.

Cinco preguntas antes de vender

  1. ¿Cambió mi objetivo o la fecha en que necesito este dinero?
  2. ¿Voy a necesitar este dinero en los próximos tres a cinco años?
  3. ¿Esta inversión es un índice diversificado o una empresa o sector en particular?
  4. Si hoy tuviera este dinero en efectivo, ¿lo invertiría en lo mismo?
  5. Si vendo hoy, ¿cuál es mi plan concreto para volver a invertir, y en qué momento?

Si las respuestas a las dos primeras son «no», la tercera es «diversificado», la cuarta es «sí» y la quinta no tiene una respuesta clara, probablemente la mejor decisión es no hacer nada.

Cómo prepararte antes de la siguiente caída

La mejor forma de soportar una caída es tomar las decisiones importantes cuando el mercado está tranquilo.

  • Ten un fondo de emergencia. De tres a seis meses de gastos en un instrumento líquido y estable. Así, si pierdes tu empleo o surge un imprevisto durante una crisis, no te verás obligado a vender en el peor momento.
  • Separa tu dinero por plazos. El dinero de corto plazo, fuera de la bolsa. El de largo plazo, invertido con un horizonte de diez años o más.
  • Escribe tu plan. Qué porcentaje tienes en cada tipo de inversión, por qué y en qué circunstancias lo cambiarías. Leerlo en medio de una caída es un recordatorio de que ya lo pensaste con la cabeza fría.
  • Sigue aportando. Los datos de Fidelity muestran el efecto de seguir invirtiendo durante una crisis: compras más unidades a precios bajos.
  • Revisa menos seguido. Una revisión mensual o trimestral es suficiente para un portafolio de largo plazo. Si puedes, desactiva las notificaciones de tu aplicación de inversiones.
  • Ten a alguien con quien hablarlo. Un asesor o una persona de confianza que conozca tu plan puede ayudarte a distinguir entre una decisión pensada y una reacción al miedo.

Lo que la historia no garantiza

Casi todos los datos de este artículo vienen del mercado de Estados Unidos, que fue uno de los más exitosos del siglo XX. Los profesores Elroy Dimson, Paul Marsh y Mike Staunton, de la London Business School, que estudian los rendimientos de decenas de países desde 1900, han documentado que no todos los mercados tuvieron la misma suerte: algunos sufrieron guerras, expropiaciones o cierres que borraron buena parte de la riqueza de los inversionistas. Japón es un ejemplo más reciente de lo mucho que puede tardar un mercado en recuperarse.

Por eso la lección de la historia funciona mejor con algunas condiciones: un portafolio diversificado entre muchas empresas y varios países, un horizonte largo y dinero que no vas a necesitar pronto. Los rendimientos pasados no garantizan rendimientos futuros, y ningún estudio puede asegurar cuánto durará la próxima caída.

No es pérdida hasta que vendes

Cuando tu portafolio cae 30%, la caída se ve en el estado de cuenta, pero sigues teniendo las mismas acciones de las mismas empresas. Esas empresas siguen vendiendo, contratando y generando utilidades. Lo que cambió fue el precio que el mercado está dispuesto a pagar por ellas en ese momento.

Esa pérdida se vuelve permanente en el momento en que vendes. Antes de eso, es una caída de precio que, en un portafolio diversificado y con un horizonte largo, la historia ha borrado una y otra vez: después de 1929, de 1973, de 1987, de 2000, de 2008, de 2020, de 2022 y de 2025.

Los inversionistas a los que mejor les fue en los estudios de Fidelity y de Schwab tenían algo en común: un plan, claridad sobre para qué era su dinero y la disciplina de dejarlo invertido durante las caídas.

Si quieres revisar si tu portafolio está preparado para la siguiente caída, platiquemos.

Fuentes: J.P. Morgan Asset Management, «Guide to the Markets» (caídas intra-anuales del S&P 500, 1980–2023; solo precio, sin dividendos); Morgan Stanley Wealth Management, caídas intra-anuales del S&P 500, diciembre de 1944 a marzo de 2025; Yardeni Research, «S&P 500 Bear Markets & Corrections» (tablas históricas de mercados bajistas desde 1928); Hulbert, M. (2009), «25 Years to Bounce Back? Try 4½», The New York Times, 26 de abril de 2009; Dow Jones Market Data, recuperación del S&P 500 tras la caída de febrero a abril de 2025 (récord de cierre del 27 de junio de 2025); J.P. Morgan Asset Management, «Guide to Retirement 2024» (impacto de perder los mejores días del mercado en los 20 años previos); Fidelity Investments (2011), análisis de 7.1 millones de cuentas 401(k), periodo de octubre de 2008 a junio de 2011; Schwab Center for Financial Research, «Does Market Timing Work?» (periodo 2001–2020 y periodos móviles de 20 años desde 1926); Sharpe, W. F. (1975), «Likely Gains from Market Timing», Financial Analysts Journal, 31(2), 60–69; Kahneman, D. y Tversky, A. (1979), «Prospect Theory: An Analysis of Decision under Risk», Econometrica, 47(2), 263–291; Benartzi, S. y Thaler, R. H. (1995), «Myopic Loss Aversion and the Equity Premium Puzzle», Quarterly Journal of Economics, 110(1), 73–92; Morningstar, «Mind the Gap 2026»; Bessembinder, H. (2018), «Do Stocks Outperform Treasury Bills?», Journal of Financial Economics, 129(3), 440–457; Nikkei 225, cierre récord del 22 de febrero de 2024 (39,098.68) frente al máximo del 29 de diciembre de 1989 (38,915.87); Dimson, E., Marsh, P. y Staunton, M., «UBS Global Investment Returns Yearbook». Los rendimientos pasados no garantizan rendimientos futuros. Material informativo; no constituye asesoría de inversión personalizada.

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