Finanzas Personales

Cómo hacer un presupuesto realista y sostenerlo

· 11 min · Equipo Lignum

Cómo hacer un presupuesto realista y sostenerlo

Casi todos subestimamos lo que vamos a gastar, y por eso tantos presupuestos se abandonan a las pocas semanas. Reunimos lo que la investigación en finanzas conductuales ha comprobado que funciona y lo convertimos en Cuentas Claras, una plantilla gratuita que te da un solo número para cuidar cada semana.

Hacer un presupuesto es más común de lo que parece. En 2022, Yiwei Zhang y Abigail Sussman, de la Universidad de Chicago, junto con Nathan Wang-Ly y Jennifer Lyu, encuestaron a más de 3,800 adultos en Estados Unidos sobre cómo manejan su dinero. Más de 65% dijo llevar algún tipo de presupuesto, formal o en la cabeza, y la proporción era alta en todos los niveles de ingreso. De quienes presupuestaban, más de 90% lo hacía por categorías: renta, comida, entretenimiento, ropa.

La parte difícil viene después. Casi todos conocemos a alguien (o somos ese alguien) que arma una hoja de cálculo impecable en enero y para marzo ya no la abre. La investigación ayuda a entender por qué pasa y qué hacer distinto. En este artículo repasamos los errores de predicción que sabotean un presupuesto, los fundamentos para armar uno que aguante y las prácticas que tienen evidencia a su favor. Al final te compartimos Cuentas Claras, la plantilla que usamos con nuestros clientes y que sigue paso a paso todo lo que vas a leer.

Por qué los presupuestos se rompen

Antes de hablar de categorías y porcentajes, conviene entender el problema de fondo: somos malos para predecir cuánto vamos a gastar, y casi siempre nos equivocamos hacia abajo.

Johanna Peetz y Roger Buehler, de la Universidad Wilfrid Laurier en Canadá, lo llamaron la falacia del presupuesto. En sus estudios, publicados en 2009 en Personality and Social Psychology Bulletin, pidieron a las personas que estimaran cuánto gastarían la semana siguiente y luego compararon esa cifra con lo que de verdad gastaron. La estimación se quedó corta de forma sistemática. Lo interesante fue la causa: quienes tenían más ganas de ahorrar predecían que gastarían menos, aunque su gasto real no fue menor. El deseo de ahorrar se colaba en el pronóstico.

Un segundo equipo encontró otra pieza del rompecabezas. Ray Howard, David Hardisty, Abigail Sussman y Marcel Lukas publicaron en 2022, en el Journal of Marketing Research, diez estudios con más de 6,000 participantes. Su explicación es que, cuando calculamos cuánto gastaremos, pensamos en un mes típico. Pero casi ningún mes es típico: un mes se descompone el coche, otro hay una boda, otro toca renovar el seguro. Esos gastos poco frecuentes empujan el promedio real muy por encima del mes "normal" que tenemos en mente.

Abigail Sussman, ahora en Princeton, y Adam Alter, de la Universidad de Nueva York, ya habían documentado algo parecido en 2012 en el Journal of Consumer Research. Las personas en sus estudios estimaban bien sus gastos ordinarios, pero gastaban cerca del doble de lo que esperaban en gastos que consideraban excepcionales. Cada uno parece único (el regalo de graduación, la reparación del techo, el viaje a ver a la familia), así que no se presupuesta. Pero, sumados, se repiten todos los años.

Esto cambia la forma de armar un presupuesto. Si partes de lo que crees que gastas, vas a construir algo que no se sostiene desde el primer mes, y la frustración de "fallar" es lo que hace que la mayoría lo abandone.

Cambiar el orden: el presupuesto en cascada

El presupuesto tradicional funciona así: anotas cada gasto durante el mes y, si al final sobra algo, lo ahorras. Tiene dos problemas. Registrar cada café es tan pesado que casi nadie lo sostiene, y el ahorro queda al final de la fila, donde casi nunca llega nada.

La alternativa que recomendamos invierte el orden. Primero decides a dónde va el dinero, y lo que queda es lo que puedes gastar:

  1. Ingreso del mes
  2. menos lo que te pagas primero (tus metas de ahorro)
  3. menos tus compromisos fijos (renta, servicios, seguros, pagos de deuda)
  4. menos un apartado para gastos irregulares (lo "excepcional" que llega cada año)
  5. = lo disponible para el día a día, que se convierte en un número semanal

Cada paso responde a uno de los hallazgos de la investigación. El ahorro sale primero y de forma automática, así que deja de depender de la fuerza de voluntad. Los gastos irregulares ya están contemplados, así que no te sorprenden. Y en lugar de vigilar treinta categorías, cuidas un solo número a la semana.

Con un ejemplo: un hogar que recibe 50,550 pesos al mes aparta 7,000 para sus metas (14%), paga 18,980 de compromisos fijos (38%) y guarda 5,830 para irregulares como los impuestos de la casa, el seguro del auto, las vacaciones y diciembre (12%). Le quedan 18,740 pesos al mes para el día a día: unos 4,300 a la semana. Si se mantiene cerca de ese número, todo lo demás ya está cubierto.

Prueba con tus propios números:

Si quieres ver cómo encaja este método en un plan financiero completo, con metas de largo plazo, seguros y retiro, lo explicamos en nuestra guía de planificación financiera.

Los tres fundamentos

Cualquier presupuesto busca responder dos preguntas: cuánto entra y cuánto sale. Para responderlas bien hacen falta tres pasos.

1. Identifica todas tus fuentes de ingreso

Anota todo el dinero que entra a tu vida: tu sueldo, el trabajo de fin de semana o side hustle, rentas, intereses, dividendos, pensiones, apoyos familiares. Usa siempre el ingreso neto, lo que de verdad llega a tu cuenta después de impuestos y deducciones, y conviértelo a un monto mensual (si cobras por quincena, son dos depósitos al mes).

Si tus ingresos cambian de un mes a otro, porque eres independiente, cobras comisiones o tienes un negocio, no presupuestes con tu mejor mes ni con el promedio. Una regla práctica que usamos con clientes es tomar el mes más bajo de los últimos seis como base, y mandar lo que entre por encima directo a tu meta principal. Lo explicamos a detalle en Ingresos variables: cómo hacer un presupuesto si eres independiente o emprendedor.

Si cobras en más de una moneda, define en cuál vas a presupuestar y usa un tipo de cambio conservador para convertir el resto.

Deja fuera de tu plan mensual los ingresos que llegan una o dos veces al año, como el aguinaldo, los bonos o el reparto de utilidades. Ese dinero se siente "extra", y la contabilidad mental (de la que hablamos más abajo) predice que lo gastamos con más facilidad que el sueldo. Para que no se diluya en compras sueltas, decide su destino antes de que llegue: tu meta principal, tus apartados para irregulares, una deuda o algún gusto que hayas planeado.

2. Revisa lo que gastas de verdad

Antes de decidir cuánto deberías gastar, averigua cuánto gastas. No hace falta llevar un diario de cada compra: basta con sentarte una vez con los estados de cuenta de tus tarjetas y cuentas bancarias de los últimos meses. Ahí aparecen todos tus compromisos fijos, incluidas las suscripciones que ya habías olvidado.

Revisa también el último año completo en busca de pagos grandes que no se repiten cada mes: seguros anuales, impuestos o trámites del coche, impuestos de tu casa, colegiaturas e inscripciones, vacaciones, regalos de diciembre, el dentista. Esa lista es la que, según Sussman y Alter, casi todos subestimamos.

Después de esa revisión inicial, el seguimiento puede ser mucho más ligero: una vez por semana, un solo número. Abre tu estado de cuenta, suma lo que gastaste en el día a día y compáralo con tu disponible semanal.

Ese pequeño hábito tiene evidencia sólida. Benjamin Harkin, de la Universidad de Sheffield, y sus colegas revisaron 138 experimentos con casi 20,000 participantes en un metaanálisis publicado en 2016 en Psychological Bulletin. Quienes monitoreaban su progreso hacia una meta tenían más probabilidades de alcanzarla, y el efecto era mayor cuando el registro quedaba por escrito y cuando se compartía con alguien más. La mayoría de esos estudios eran sobre salud (peso, ejercicio, presión arterial), pero el mecanismo aplica igual al dinero.

También hay evidencia de que evitamos mirar cuando sospechamos que las noticias son malas. Niklas Karlsson, George Loewenstein y Duane Seppi encontraron en 2009 que los inversionistas revisaban sus cuentas con menos frecuencia cuando el mercado iba a la baja, y lo llamaron el efecto avestruz. Con el presupuesto pasa lo mismo: la semana en que más necesitas revisarlo es la semana en que menos ganas tienes. Por eso conviene fijar una cita contigo: quince minutos, el mismo día cada semana, pase lo que pase.

3. Agrupa tu dinero en pocas bolsas

Las categorías convierten cientos de movimientos en algo que puedes entender y controlar. Que funcionen tiene una explicación.

Richard Thaler, de la Universidad de Chicago y premio Nobel de Economía en 2017, describió lo que llamó contabilidad mental: la tendencia a tratar el dinero como si viviera en cuentas separadas según su origen o su destino. En teoría, un peso es un peso. En la práctica, nos cuesta mucho más gastar el dinero que ya etiquetamos como "colegiatura" que el que tenemos suelto en la cuenta.

Chip Heath y Jack Soll, entonces en la Universidad de Chicago, mostraron en 1996 en el Journal of Consumer Research que, cuando las personas asignan una cantidad a una categoría y la rebasan, tienden a gastar menos en esa categoría el resto del periodo. Las categorías funcionan como pequeños topes que se autorregulan.

Pero tener categorías no basta. Irrational Labs, una firma de economía del comportamiento, y el Common Cents Lab de la Universidad de Duke hicieron un experimento con 9,035 usuarios de una app financiera. Quienes armaron un presupuesto detallado por categorías gastaron prácticamente lo mismo que quienes no lo hicieron, y se pasaron de lo planeado entre 1.3 y 1.4 veces. Llevar veinte categorías da mucho trabajo y, por sí solo, no cambia cómo gastas. Lo que sí cambia el resultado es el orden: que el ahorro y los compromisos salgan primero.

La cascada aprovecha este efecto con solo cuatro bolsas grandes: metas, compromisos, irregulares y día a día. Dentro de compromisos puedes distinguir vivienda, servicios, seguros o deudas para saber de dónde viene cada peso, pero el control se hace sobre las cuatro bolsas y, en la semana, sobre una sola. Con treinta categorías, el registro se vuelve una carga y lo dejas.

Dos detalles prácticos:

  • Los irregulares se vuelven mensuales. Siguiendo la sugerencia de Sussman y Alter, agrupa todos los gastos "excepcionales" en una sola bolsa. Suma lo que cuestan en un año, divídelo entre doce y apártalo cada mes. Cuando llegue diciembre o el seguro del auto, el dinero ya está ahí y no sale de tu semana.
  • Las tarjetas de crédito, en su lugar. En compromisos va solo lo que ya es deuda (las mensualidades). Lo que pagas con tarjeta en el día a día cuenta dentro de tu número semanal, igual que si fuera efectivo.

El presupuesto como reflejo de tus decisiones

Una hoja con números sirve de poco si no refleja decisiones tomadas con intención. Con los fundamentos claros, estas son las cinco decisiones que le dan forma a un presupuesto que dure.

1. Distingue entre lo que necesitas y lo que quieres

Una necesidad es lo que tendrías que pagar aunque mañana tus ingresos bajaran a la mitad: vivienda, comida básica, transporte para trabajar, salud, el pago mínimo de tus deudas. Todo lo demás es un deseo, aunque se sienta indispensable. Esta distinción es la que te dice qué va en compromisos y qué puede esperar.

La referencia más conocida es la regla 50/30/20 que popularizaron Elizabeth Warren y Amelia Warren Tyagi en su libro All Your Worth (2005): 50% para necesidades, 30% para deseos y 20% para ahorro y pago de deudas. Es un buen punto de partida, pero es una regla práctica, no un resultado de investigación, y fue pensada para hogares en Estados Unidos. En muchas ciudades de Latinoamérica la vivienda sola puede comerse el 40% del ingreso, y forzar el 50/30/20 solo genera frustración. Úsala para comparar, no como meta obligatoria.

Lo que sí recomendamos es que tu número semanal incluya espacio para cosas que disfrutas. Un presupuesto sin margen para nada placentero es muy difícil de sostener, y la evidencia sobre la falacia del presupuesto sugiere que quienes se plantean los recortes más ambiciosos son también quienes más se equivocan en su pronóstico. Por eso la cascada calcula un rango de ±10% alrededor de tu número: una semana un poco arriba no significa que fallaste.

2. Construye un fondo de emergencia

El fondo de emergencia es la línea que protege a todas las demás. Sin él, el primer imprevisto se paga con tarjeta y el presupuesto se desordena por meses. La referencia habitual es juntar entre tres y seis meses de tus compromisos más tu gasto del día a día.

No hace falta llegar a los seis meses para notar la diferencia. Leah Gjertson, entonces en la Universidad de Wisconsin-Madison, analizó en 2016 datos de hogares de bajos ingresos en Estados Unidos y encontró que incluso montos pequeños de ahorro líquido se asociaban con menos dificultades para cubrir gastos básicos como renta, servicios o comida. Es una relación estadística y no prueba causalidad, pero apunta en la misma dirección que la experiencia: el primer mes de colchón es el que más tranquilidad da.

Guárdalo en una cuenta separada de la que usas para gastar. Dilip Soman, de la Universidad de Toronto, y Amar Cheema, de la Universidad de Virginia, hicieron un experimento con trabajadores de bajos ingresos en la India, publicado en 2011 en el Journal of Marketing Research: a quienes recibieron su ahorro dividido en dos sobres separados les costó más tocarlo, y ahorraron significativamente más que quienes lo recibieron en uno solo. Separar el dinero añade una pequeña barrera que, en el momento de la tentación, pesa. Lo mismo aplica a tus apartados para irregulares: mantenlos en su propia cuenta o subcuenta.

Cuánto necesitas depende de tu estabilidad de ingresos y de quién depende de ti. Lo desarrollamos en Fondo de emergencia: ¿cuánto dinero debes tener y dónde guardarlo para que no pierda valor?.

3. Ten una estrategia para pagar tus deudas

Las mensualidades de tus deudas van en compromisos. La estrategia está en qué hacer con el dinero extra que destines a pagarlas.

Si tienes varias deudas, hay dos métodos clásicos. El de avalancha consiste en pagar el mínimo en todas y destinar cualquier excedente a la deuda con la tasa de interés más alta. El de bola de nieve hace lo mismo, pero con la deuda de menor saldo, sin importar la tasa.

Matemáticamente, la avalancha siempre gana: pagas menos intereses. Pero la investigación muestra que la bola de nieve tiene una ventaja psicológica real. David Gal, de la Universidad Northwestern, y Blake McShane analizaron datos de cerca de 6,000 clientes de una empresa de reestructuración de deudas en Estados Unidos, en un estudio publicado en 2012 en el Journal of Marketing Research. El número de cuentas que una persona lograba liquidar predecía mejor si terminaba saliendo de deudas que el porcentaje del monto total que había pagado. Cerrar cuentas da sensación de avance, y ese avance mantiene la motivación.

Remi Trudel, de la Universidad de Boston, y sus coautores llegaron a una conclusión parecida en 2016 en el Journal of Consumer Research: concentrar los pagos en una sola deuda, en lugar de repartirlos entre todas, aumentaba la motivación para salir de deudas, sobre todo cuando se concentraban en la más pequeña.

La recomendación práctica: si tus deudas tienen tasas muy distintas (una tarjeta al 60% anual y un crédito automotriz al 12%), usa la avalancha, porque la diferencia en intereses es demasiado grande para ignorarla. Si las tasas son parecidas, la bola de nieve puede ayudarte a no abandonar. En cualquier caso, concentra los pagos extra en una sola deuda a la vez, y considera darle a esa deuda el destino de tu próximo aguinaldo o bono. Si dudas entre pagar deudas o empezar a invertir, revisa ¿Pagar deudas o invertir primero?.

4. Págate primero: ahorro e inversión

El error más común es tratar el ahorro como lo que sobra al final del mes. Casi nunca sobra. Por eso, en la cascada, las metas van antes que cualquier gasto.

La forma de lograrlo es programar una transferencia automática el mismo día que cobras. Brigitte Madrian y Dennis Shea mostraron en 2001 que, cuando una empresa estadounidense inscribió automáticamente a sus empleados en su plan de retiro, 86% de los nuevos empleados quedó participando, contra menos de la mitad entre quienes habían entrado antes del cambio. La inercia que normalmente juega en contra se pone a trabajar a favor. Hablamos más de esto en Por qué posponemos invertir aunque sabemos que deberíamos.

Cuatro prácticas más con evidencia detrás:

  • Elige una meta principal. Dilip Soman y Min Zhao, ambos de la Universidad de Toronto, publicaron en 2011 en el Journal of Marketing Research una serie de estudios, uno de ellos con hogares de un pueblo de la India, en los que las personas con una sola meta de ahorro ahorraron más que quienes tenían varias. Con muchas metas, la gente se quedaba pensando en cuál priorizar en lugar de actuar. Puedes tener varias metas, pero conviene que una vaya al frente y reciba lo que llegue de más.
  • Ponle nombre, monto y fecha a cada meta. Nava Ashraf, Dean Karlan y Wesley Yin ofrecieron a clientes de un banco en Filipinas una cuenta en la que ellos mismos fijaban una meta y no podían retirar hasta alcanzarla. Al año, el saldo promedio de quienes recibieron la oferta era 82% mayor que el del grupo de comparación (Quarterly Journal of Economics, 2006). Una cuenta etiquetada como "enganche casa 2028" es más difícil de vaciar que una llamada "ahorro". Escribir por qué te importa cada meta ayuda a que la etiqueta pese.
  • Cuéntaselo a alguien. Felipe Kast, Stephan Meier y Dina Pomeranz trabajaron con cerca de 2,700 clientes de microcrédito en Chile. Quienes se unieron a grupos donde fijaban metas en público y reportaban su avance hicieron 3.7 veces más depósitos, y su saldo promedio casi se duplicó. Un aumento en la tasa de interés, en cambio, casi no tuvo efecto. En un segundo experimento, mensajes de texto con retroalimentación sobre su avance lograron resultados de tamaño similar sin necesidad de reuniones (Journal of Development Economics, 2018).
  • Programa recordatorios. Dean Karlan, Margaret McConnell, Sendhil Mullainathan y Jonathan Zinman probaron recordatorios por mensaje de texto con nuevos ahorradores en Bolivia, Perú y Filipinas. Los recordatorios aumentaron el ahorro, en especial cuando mencionaban la meta concreta de la persona (Management Science, 2016).

5. Deja espacio para los cambios de vida

Un presupuesto que no se ajusta se vuelve obsoleto. Un cambio de trabajo, una mudanza, un hijo, una separación o un cambio de país modifican las proporciones de todo lo anterior.

Hay dos ajustes que conviene planear. El primero es semanal: si te pasaste de tu número, ajusta la semana siguiente en lugar de dar el mes por perdido. Lo que importa es el acumulado del año, y una semana alta compensada por dos tranquilas deja tu plan intacto.

El segundo es aprovechar los momentos de cambio para rehacerlo desde cero. Hengchen Dai, Katherine Milkman y Jason Riis, de la Universidad de Pensilvania, documentaron en 2014 lo que llamaron el efecto de nuevo comienzo: las personas son más propensas a emprender metas después de fechas que se sienten como un corte, como el inicio de un año, de un mes o un cumpleaños. Un nuevo empleo o una mudanza funcionan igual. Úsalos para arrancar tu plan o para volver a revisar ingresos, compromisos y metas con datos frescos.

Cuentas Claras: nuestra plantilla de presupuesto

Convertimos todo lo anterior en una plantilla de Excel gratuita. Toma unos quince minutos llenarla y sigue el orden de la cascada:

  1. Empieza aquí. Eliges la moneda de tu país y, si recibes o pagas algo en otra (dólares o euros, por ejemplo), esa segunda moneda y su tipo de cambio. También decides en cuál de las dos quieres ver tu plan y la fecha en que arranca tu plan (un inicio de mes o de año, para aprovechar el efecto de nuevo comienzo).
  2. Ingresos. Anotas lo que te depositan, ya sin impuestos, con su frecuencia. Los ingresos extra del año (aguinaldo, bonos, utilidades) van aparte, cada uno con un destino decidido de antemano.
  3. Metas. Tu "págate primero": cada meta con su razón, monto, fecha y lo que ya llevas. La hoja te dice cuánto necesitas aportar al mes para llegar a tiempo y te pide marcar una sola como principal.
  4. Compromisos. Lo que se paga sí o sí cada mes, con su día de cargo y si ya está domiciliado.
  5. Irregulares. Lo "excepcional" que llega cada año, convertido en un apartado mensual.
  6. Mi plan. Se llena solo. Muestra la cascada completa, tu número semanal con su rango sano, el fondo de emergencia sugerido y una comparación con la regla 50/30/20 como referencia.
  7. Mi semana (opcional). Una vez por semana anotas un solo número, lo que gastaste en el día a día, y la hoja te dice cómo vas en la semana y en el año.

La plantilla viene con un ejemplo llenado para que veas cómo funciona. Solo sobrescribe los montos con los tuyos.

Si prefieres armarlo con alguien que revise tus números y te ayude a definir prioridades, podemos hacerlo juntos.

Lo que la investigación no dice

Casi todos estos estudios se hicieron en Estados Unidos, Canadá o Asia, varios con poblaciones de bajos ingresos y algunos en entornos de laboratorio. La excepción importante es el experimento en Chile, que confirma en Latinoamérica el poder de las metas públicas y la retroalimentación. Los mecanismos psicológicos (predecir de menos, gastar lo que está a la mano, perder la motivación sin avances visibles) parecen bastante universales, pero los porcentajes y montos concretos dependen de cada país y de cada hogar.

Tampoco existe un método de presupuesto que funcione para todos. La encuesta de Zhang y sus colegas encontró enormes diferencias en cuán detallado lo lleva cada persona, y muchos lo llevan solo en la cabeza. La cascada es el método que nos ha funcionado mejor con clientes porque pide poco esfuerzo semanal, pero el mejor presupuesto es el que vas a seguir usando dentro de un año.

Este artículo y la plantilla tienen fines informativos y educativos, y no constituyen asesoría financiera, fiscal ni legal personalizada.

Fuentes: Irrational Labs y Common Cents Lab (Universidad de Duke), experimento sobre presupuestos por categorías con 9,035 usuarios de una app financiera; Zhang, C. Y., Sussman, A. B., Wang-Ly, N. y Lyu, J. K. (2022), «How Consumers Budget», Journal of Economic Behavior & Organization, 204, 69–88; Peetz, J. y Buehler, R. (2009), «Is There a Budget Fallacy? The Role of Savings Goals in the Prediction of Personal Spending», Personality and Social Psychology Bulletin, 35(12), 1579–1591; Howard, R. C., Hardisty, D. J., Sussman, A. B. y Lukas, M. F. (2022), «Understanding and Neutralizing the Expense Prediction Bias: The Role of Accessibility, Typicality, and Skewness», Journal of Marketing Research, 59(2), 435–452; Sussman, A. B. y Alter, A. L. (2012), «The Exception Is the Rule: Underestimating and Overspending on Exceptional Expenses», Journal of Consumer Research, 39(4), 800–814; Harkin, B. et al. (2016), «Does Monitoring Goal Progress Promote Goal Attainment? A Meta-Analysis of the Experimental Evidence», Psychological Bulletin, 142(2), 198–229; Karlsson, N., Loewenstein, G. y Seppi, D. (2009), «The Ostrich Effect: Selective Attention to Information», Journal of Risk and Uncertainty, 38(2), 95–115; Thaler, R. H. (1999), «Mental Accounting Matters», Journal of Behavioral Decision Making, 12(3), 183–206; Heath, C. y Soll, J. B. (1996), «Mental Budgeting and Consumer Decisions», Journal of Consumer Research, 23(1), 40–52; Warren, E. y Warren Tyagi, A. (2005), All Your Worth: The Ultimate Lifetime Money Plan, Free Press; Gjertson, L. (2016), «Emergency Saving and Household Hardship», Journal of Family and Economic Issues, 37(1), 1–17; Soman, D. y Cheema, A. (2011), «Earmarking and Partitioning: Increasing Saving by Low-Income Households», Journal of Marketing Research, 48(SPL), S14–S22; Gal, D. y McShane, B. B. (2012), «Can Small Victories Help Win the War? Evidence from Consumer Debt Management», Journal of Marketing Research, 49(4), 487–501; Kettle, K. L., Trudel, R., Blanchard, S. J. y Häubl, G. (2016), «Repayment Concentration and Consumer Motivation to Get Out of Debt», Journal of Consumer Research, 43(3), 460–477; Madrian, B. C. y Shea, D. F. (2001), «The Power of Suggestion: Inertia in 401(k) Participation and Savings Behavior», Quarterly Journal of Economics, 116(4), 1149–1187; Soman, D. y Zhao, M. (2011), «The Fewer the Better: Number of Goals and Savings Behavior», Journal of Marketing Research, 48(6), 944–957; Ashraf, N., Karlan, D. y Yin, W. (2006), «Tying Odysseus to the Mast: Evidence from a Commitment Savings Product in the Philippines», Quarterly Journal of Economics, 121(2), 635–672; Kast, F., Meier, S. y Pomeranz, D. (2018), «Saving More in Groups: Field Experimental Evidence from Chile», Journal of Development Economics, 133, 275–294; Karlan, D., McConnell, M., Mullainathan, S. y Zinman, J. (2016), «Getting to the Top of Mind: How Reminders Increase Saving», Management Science, 62(12), 3393–3411; Dai, H., Milkman, K. L. y Riis, J. (2014), «The Fresh Start Effect: Temporal Landmarks Motivate Aspirational Behavior», Management Science, 60(10), 2563–2582.

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